Leishmaniasis, infección protozoaria humana transmitida por la picadura de un flebótomo. La leishmaniasis se da en todo el mundo, pero es especialmente frecuente en las zonas tropicales. Se reconocen tres formas principales de la enfermedad: visceral, cutánea y mucocutánea.

leishmaniasis

Úlcera de leishmaniasis cutánea en un antebrazo.

Layne Harris/Helsmack

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La leishmaniasis está causada por varias especies del protozoo flagelado Leishmania, del orden Kinetoplastida. Estos parásitos infectan a diversos animales vertebrados, como roedores y caninos. Se transmiten al ser humano por la picadura de un flebótomo chupasangre, que pertenece al género Lutzomyia en América y a Phlebotomus en el Viejo Mundo. Los parásitos leishmanios tienen dos fases morfológicas en su ciclo vital. Una forma, que habita en el tracto digestivo del flebótomo, es una forma alargada, móvil y flagelada llamada promastigote o leptimonada. La otra, una forma redonda u ovalada, no móvil, llamada amastigotes, se encuentra en ciertas células (es decir, macrófagos) de los vertebrados. Si un flebótomo se alimenta de un vertebrado infectado, ingiere células que contienen amastigotes, que se convierten en promastigotes en su intestino. Allí los promastigotes se multiplican y acaban entrando en la saliva de la mosca. A partir de ahí pueden entrar en otro vertebrado a través de la herida hecha durante la siguiente comida de sangre del flebótomo, iniciando así una nueva infección.

Dependiendo de la especie de Leishmania que invada a un hospedador y de la respuesta inmunológica de éste a la infección, puede surgir uno de los tres tipos principales de leishmaniasis. La leishmaniasis visceral, también llamada kala-azar, está producida por varias subespecies de L. donovani. Se da en todo el mundo, pero es especialmente frecuente en la zona mediterránea, África, Asia y América Latina. Esta forma de la enfermedad es sistémica y afecta principalmente al hígado, el bazo, la médula ósea y otras vísceras. Los síntomas, que incluyen fiebre, pérdida de peso, reducción del número de glóbulos blancos y aumento del tamaño del bazo y el hígado, suelen aparecer dos meses o más después de la infección. La enfermedad suele ser mortal si no se trata. La leishmaniosis cutánea está causada por varias especies de Leishmania. Se caracteriza por lesiones que van desde granos hasta grandes úlceras localizadas en la piel de las piernas, los pies, las manos y la cara, la mayoría de las cuales se curan espontáneamente después de muchos meses. Se distingue entre la leishmaniosis cutánea del Viejo Mundo y la del Nuevo Mundo. La del Viejo Mundo, también llamada llaga oriental, es endémica en zonas alrededor del Mediterráneo, en el centro y noreste de África y en el sur y oeste de Asia. Está causada principalmente por L. major, L. tropica y L. aethiopica. La leishmaniasis cutánea del Nuevo Mundo, que se encuentra en América Central y del Sur y en partes del sur de Estados Unidos, está causada principalmente por L. mexicana y L. viannia braziliensis. Esta infección puede extenderse a las membranas mucosas orales y nasales, una complicación denominada leishmaniasis mucocutánea o espundia. Puede producirse la destrucción de los labios, la garganta, el paladar y la laringe. La leishmaniasis mucocutánea puede no aparecer hasta años después de la curación de una lesión cutánea inicial.

Todos los tipos de leishmaniasis se tratan con compuestos de antimonio, como el estibogluconato sódico. La propagación de la enfermedad se previene controlando las poblaciones de moscas de la arena.

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