El ictus es la tercera causa principal de muerte y discapacidad a largo plazo entre los estadounidenses. La perspectiva de sufrir un ictus es aterradora. Rara vez hay un aviso previo y el nivel de gravedad y las complicaciones duraderas son imprevisibles de un caso a otro. En gran parte, el impacto que deja tras de sí depende del tipo concreto de ictus sufrido. El tipo de ictus más frecuente es el isquémico, que se produce por la obstrucción de un vaso sanguíneo y suele causar discapacidades permanentes. Sin embargo, lo que muchos denominan «mini-ictus» tiene una presentación muy parecida a la de un ictus isquémico, pero sin las consecuencias a largo plazo.

¿Qué es un mini-ictus?

El accidente isquémico transitorio (AIT) suele denominarse mini-ictus. Cuando se produce, el vaso sanguíneo se bloquea por un coágulo de sangre sólo brevemente. Durante el ataque, los afectados suelen experimentar los mismos síntomas que un ictus normal. Estos pueden incluir entumecimiento, debilidad y dificultades en el habla y la visión. Al igual que ocurre con cualquier ictus, se insta a los pacientes a que recuerden el acrónimo RÁPIDO:

  • F: Caída de la cara
  • A: Debilidad de los brazos
  • S: Dificultad para hablar
  • T: Hora de llamar al 9-1-1

¿Qué hace diferente a un minictus?

Aunque los síntomas pueden ser en gran medida los mismos, hay algunas diferencias clave entre un mini accidente cerebrovascular y un accidente cerebrovascular normal. Debido a que la obstrucción durante un mini-ictus es temporal, los síntomas son breves, normalmente sólo duran unos minutos. En algunos casos, pueden persistir hasta 24 horas.

A diferencia de los accidentes cerebrovasculares normales, los AIT no provocan daños cerebrales ni discapacidades permanentes. Sin embargo, es imposible saber qué forma de ictus puede estar ocurriendo en el momento en que aparecen los síntomas. Por este motivo, es imprescindible que los pacientes no intenten esperar a que aparezcan los síntomas, sino que busquen tratamiento médico de urgencia lo antes posible. Además, quienes experimentan un AIT corren un mayor riesgo de sufrir un ictus posterior, situación que se da en 1 de cada 3 pacientes con mini-ictus. Este riesgo es especialmente alto en las primeras 48 horas, por lo que la atención médica y el seguimiento son cruciales.

Si usted o un ser querido experimenta alguno de los síntomas característicos asociados a un ictus o mini-ictus, llame al 9-1-1 o acuda a la sala de urgencias más cercana. Independientemente del tipo de ictus, la intervención temprana es clave para proteger la salud a largo plazo y, en algunos casos, puede salvar la vida.

Miniictus diferente

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