Córnea, membrana transparente en forma de cúpula de unos 12 mm (0,5 pulgadas) de diámetro que cubre la parte anterior del ojo. Salvo en sus márgenes, la córnea no contiene vasos sanguíneos, pero sí muchos nervios y es muy sensible al dolor o al tacto. Se nutre y oxigena en la parte anterior con las lágrimas y se baña en la parte posterior con el humor acuoso. Protege la pupila, el iris y el interior del ojo de la penetración de cuerpos extraños y es el primer y más potente elemento del sistema de enfoque del ojo. Cuando la luz atraviesa la córnea, se refracta parcialmente antes de llegar al cristalino. La curvatura de la córnea, que es esférica en la infancia pero cambia con la edad, le da su poder de enfoque; cuando la curva se vuelve irregular, provoca un defecto de enfoque llamado astigmatismo, en el que las imágenes aparecen alargadas o distorsionadas.

Sección transversal del ojo humano
Sección transversal del ojo humano

Sección transversal horizontal del ojo humano, que muestra las partes principales del ojo, incluida la cubierta protectora de la córnea sobre la parte delantera del ojo.

Encyclopædia Britannica, Inc.

Arterias y venas superficiales de la cara y el cuero cabelludo, sistema cardiovascular, anatomía humana, (Proyecto de sustitución de Netter – SSC)
Cuestionario de Britannica
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La córnea en sí está compuesta por múltiples capas, incluyendo un epitelio superficial, un estroma central más grueso y un endotelio interno. El epitelio (revestimiento de la superficie externa) de la córnea es una importante barrera contra las infecciones. Una abrasión corneal, o un rasguño, suele provocar una sensación de tener algo en el ojo y va acompañada de un intenso lagrimeo, dolor y sensibilidad a la luz. Afortunadamente, el epitelio corneal es capaz de curarse rápidamente en la mayoría de las situaciones.

Las fibras de colágeno que componen el estroma corneal (capa intermedia) están dispuestas de forma estrictamente regular y geométrica. Se ha demostrado que esta disposición es el factor esencial que da lugar a la transparencia de la córnea. Cuando la córnea se daña por una infección o un traumatismo, el colágeno que se deposita en los procesos de reparación no está dispuesto de forma regular, por lo que puede producirse una mancha o cicatriz opaca. Si la córnea enturbiada se extirpa y se sustituye por una sana (es decir, mediante un trasplante de córnea), normalmente tomada de un donante fallecido, se puede obtener una visión normal.

La capa más interna de la córnea, el endotelio, desempeña un papel fundamental para evitar que la córnea se hinche con un exceso de líquido. Cuando se pierden células endoteliales, no se producen células nuevas, sino que las existentes se expanden para rellenar el espacio que queda. Sin embargo, una vez que se ha producido la pérdida de un número crítico de células endoteliales, la córnea puede hincharse, provocando una disminución de la visión y, en casos graves, cambios en la superficie y dolor. La pérdida de células endoteliales puede acelerarse a través de un traumatismo mecánico o de la muerte anormal de células endoteliales relacionada con la edad (denominada distrofia endotelial de Fuchs). El tratamiento puede requerir finalmente un trasplante de córnea.

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